En clase de religión, hoy toca ver La insoportable levedad del ser. Anita no entiende nada, pero le hace gracia ver cómo la chica camina sobre los pies del chico. En ese momento entra él en clase y se sienta a su lado. Anita ya no puede concentrarse. Se le va el tiempo escuchando su respiración e intentando calcular sin mirar a qué distancia están sus manos. Frío, templado, frío, caliente, ardiendo. Toc-toc, toc-toc. Entonces él se lleva la mano a la barbilla y se rasca. Suena a hombre. Frío, helado, templado... Fin de la clase. De repente, en un juego, él le agarra la mano y la suelta de golpe.-¡Qué asco tía, te sudan las manos!