A continuación, la psicóloga intenta que Anita se relaje en el sofá de leopardo mientras imagina paraísos tropicales al ritmo de Vangelis. Nada. Al cabo de cuatro sesiones, la cosa llega a su fin.
-Me pones nerviosa, niña. Tengo pacientes enfermos de SIDA. Eso sí es un problema.
Anita no sabe qué decir, así que se mete la mano en el bolsillo, le tiende los 50€ y se arrastra hacia la puerta.